Manuel Vaz-Romero Diario HOY |
EL CALIDO BESTIARIO DE JOSE A. SANCHEZ GARCIA Este licenciado en biología expone una obra nacida de una técnica "básicamente autodidacta", como se advierte en la tarjeta publicitaria que lo presenta. Y, como en todo autodidacta, se palpa su proceso lento y meándrico en busca de logros cada vez mayores, partiendo desde principios vacilantes y premiosos, como queriendo coger el sitio, y, luego, subiendo peldaños de entidad más sólida. Sánchez García (Zarza de Granadilla, 1965), si balbucea en sus inicios, poco a poco va consiguiendo ciertas cotas llenas de interés, por lo que la torpeza técnica de su alborada artística ha ido siendo sustituida por una carpintería vertebrada mediante un buen dibujo, que es su mejor blindaje artístico, que conforma y apura los contornos de las siluetas, haciéndose terso y limpio en muchos de sus cuadros y es la viga maestra que sostiene cuanto realiza. Y, junto al dibujo, su color, en un primer momento desangelado y agrio, luego tomando sonido en una paleta colorista y festiva empapada de alegría cromática. Ambos elementos -dibujo y pigmento- conforman, frecuentemente, sensaciones visuales preciosistas, sobre todo cuando consigue atrapar los primores de un gesto, la chispa de una mirada, el quiebro de una fantasía y el pellizco de un instante, cuyo humano fluir lo distancia del estatismo clásico o académico, logrando momentos llenos de frescura y de ingenua verbalización gráfica. Al final, alcanza José Antonio un realismo lineal y sin pretensiones, pero ahíto de emoción, con briznas de empaque decorativo y brillos de ternura. Realismo que materializa y sentimentaliza, especialmente, a través de un arte "animalier" -vía cándido bestiario- o en sutiles observaciones sobre figuras impersonales, en ciertas naturalezas muertas, en frágiles insectos arropados con filigranas polícromas, o en algún paisaje donde el pintor bombea toda la sensualidad de una verdadera lluvia pigmentaria. Pero, de forma muy significativa, quiero destacar la notable "impostación"
de sus pinceles para comunicar cuanto siente sobre aves, caballos, cebras,
ponys, toros, etc. Quiere continuar así el capítulo que se
enraíza en la larga tradición animalística hallada
en los perros de Solana y en los perritos de Sintenis, en los borriquillos
de Grandío y en los caballos caracoleantes de Degas, en los gatos
de Betty Koster, las águilas de Klinger y las palomas de Cristino
Mayo o de Francisco Sales. Y en todo este bestiario de Sánchez García
se ve emerger, pujante, un cálido amor por los animales, que viene
a ser la quilla común para plasmación de este universo tan
cercano al hombre (el comienzo de todo arte es el amor, Hermann Hesse dixit).
Su lienzo se desflecha, con garbo expresionista, en "Ponys de Islandia"; se convierte en "flash",
sacudido de ruido y escorzo, en "Rejoneo"; se hace elegancia en
"Trote", arabesco cromático
en "Cebras", gracia rítmica en "Frailecillos"
, majestuosa arrogancia en "Aguila calva" y clima poético
en "Prado de otoño".
Por otra parte la tinta china y el pastel, que han sido los estuches que
guardan las efigies de lo mencionado, se escoran hacia otras atenciones:
el temblor de una introspección humana, de estirpe rembrandtiana,
la orgía azucarada de una "Fruta
del país", el fogonazo surrealista de su "Madera muerta",
y, finalmente, la metáfora floral de un "Renacer tras el fuego". Sensaciones que puede sentir
el lector en el Hotel Meliá de la ciudad, hasta finales del mes en
curso. | |
Manuel
Vaz-Romero Diario HOY |
PINTORES NOVELES [...] El segundo premio, "Cañamar", de José Antonio Sánchez García, también autodidacta y biólogo, es como una vibración deliciosamente musical, que emerge de una vegetación líricamente imaginada, a base de bellos acordes coloristas, que componen una sinfonía de estirpe neoimpresionista. Una geografía bucólica, una alegoría de color y sabor sensuales, y un grito de prístina ecología, son los componentes que vertebran este hermoso pastel, de gratísimo impacto visual. | |